DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA
Los alumnos de 1º ESO C hemos participado en un concurso de cuentos con gran ilusión. Aquí podéis ver una selección de ellos:
El ascensor de Guillermo Fanlo Zaragozano
Al levantarme tenía la sensación de haber dormido poco, la habitación me parecía irreal, llamo a mis padres pero no me contestan, mis hermanos tampoco, es muy temprano. Me levanto, me ducho y desayuno, miro el reloj y veo que se está haciendo tarde, me preparo la mochila, cojo las llaves y salgo de casa. Pulso el botón del ascensor, espero unos minutos hasta que se abre, entro, estoy en la planta sexta, pulso el botón de planta baja y el ascensor se pone en marcha, pero sólo baja hasta la quinta, las puertas se abren y veo un desierto, sorprendido, confundido y asustado aprieto rápidamente otro botón, se cierran las puertas y ahora el ascensor se detiene en la cuarta planta, se abren las puertas y veo que estoy en la azotea de un rascacielos, con las manos empapadas en sudor por el miedo y el nerviosismo pulso otra vez un botón del ascensor, se cierran las puertas, baja y se queda en el tercero, siento una sensación de calor y estoy sudando por todo el cuerpo, cuando se abren las puertas veo la playa; esta imagen se desvanece, empiezo a escuchar la alarma de mi reloj cada vez más fuerte. Me despierto y me doy cuenta de que todo ha sido un sueño.
Tiempo para crecer de Silvia Luna López
Era ya tarde cuando decidió por fin volver a casa, después de haber estado perdiendo el tiempo en la calle. Una mera excusa para no hacer los deberes. Aunque parezca imposible, Dani siempre encontraba una, por muy absurda que fuera, para discutir y enfadarse con su hermana menor, una niña que desde pequeña, aun cuando sólo tenía tres años, había jugado con su hermano, una persona que en los últimos años se había convertido casi en un desconocido para ella.
Cuando entró en casa, sólo obtuvo como respuesta un silencio absoluto. Satisfecho de sí mismo por haber conseguido su objetivo una vez más, aunque en su interior la conciencia le pedía a gritos que dejara de vaguear e hiciera los deberes porque, si no, ya tenía claro lo que le esperaba mañana en clase. Como siempre, no hizo caso a su parte más sensata.
Se quitó la chaqueta, dejó las llaves en el mueble de la entrada y se dirigió al baño, dejando a su paso la mochila tirada de cualquier manera en el pasillo. Se lavó la cara, y al mirarse de nuevo en el espejo no vio al chico de ojos alegres y sonrisa satisfecha que había sido, sino a un extraño de mirada perdida y pelo corto alborotado. Sacudió la cabeza para expulsar esos intrusos pensamientos de su mente, sabiendo que lo que veía era una verdad que, en realidad, no quería aceptar.
Dani notaba que había cambiado, y no sabía por qué, ni cómo había sucedido. No existía ningún motivo aparente para explicarlo. Cuando antes se alegraba al notar un beso de su madre en la mejilla, ahora se apartaba de cualquier cosa que mostrara el menor signo de afecto hacia él. Tampoco ayudaba a su hermana e insultaba a sus padres. Como consecuencia de estos actos, Dani hacía sufrir a toda la familia creando un ambiente tenso. A veces por las noches, sin que nadie se diera cuenta se tumbaba en la cama a pensar en lo que tenía y desperdiciaba.
Oyó el sonido de las campanillas con forma de estrella, hechas por él mismo hace años, que pendían de un hilo colgado del techo y sonaban cada vez que la puerta de la calle se abría. Cuando los pasos comenzaron a resonar contra el suelo de madera se extrañó al no oír a su padre o a su madre saludar para comprobar si había alguien en casa nada más entrar. No sin incertidumbre, cruzó el umbral que le permitía acceder a las escaleras. Bajando con el mayor sigilo que pudo, se encaramó a la puerta del salón para ver si había alguien y encontró a su padre llorando como nunca lo había hecho. Al no comprender lo que sucedía, se acercó y le preguntó el por qué de su tristeza. La respuesta que obtuvo le robó el aliento, la capacidad de pensar con coherencia y todo un mar de lágrimas justificadas.
No podía ser, parecía una pesadilla demasiado real ¡no, no, no!. Su madre y su hermana pequeña no podían haber muerto en un accidente de tráfico, su conciencia debía haberle gastado una muy mala pasada. Pero en realidad, sabía que lo que les había pasado era verdad. Algo que aunque lo intentes, no se olvida jamás.
Y fue así, abrazado a su padre, cuando comprendió que muchas veces, lo que se tiene no se valora hasta que se pierde, dejando un gran hueco en la conciencia y en el corazón.Cuento de Laura Rubio Gimeno:
Era una hermosa mañana de primavera. El agua del arroyo corría rauda entre las piedras, los pájaros piaban con fuerza intentando hacer cosquillas a las nubes y las flores adornaban la verde hierba, mientras mil y un insectos volaban entre ellas. Y por encima de todo, del arroyo, de los pájaros, de las flores… estaba el Sol.
El Sol llevaba haciendo su trabajo desde hace millones de años. Al principio había sido divertido, pero ahora todo era tan monótono para él…. Miraba aburrido el paisaje, mientras se decía para sus adentros que él también tenía derecho a unas vacaciones. El Sol se puso a hacer castillos en el aire: a dónde iría, qué comería, a quién conocería. Y entonces lo decidió. Se iba. Así, de repente. Hizo su maleta y dejó una nota colgada en una nube diciendo que se marchaba a algún lugar lejano. La primera en darse cuenta fue la Brisa de la Primavera. Pasaba por ahí, vio la nota y se la llevo a su padre: el Viento.
E l Viento era un gran enemigo a tener en cuenta, y siempre había querido ser el gran protagonista. Esa era la oportunidad perfecta, ocuparía el lugar del Sol. Enseguida se puso manos a la obra: para que todo el mundo se fijara en él, empezó a soplar, a soplar… Si hubiera estado allí el Sol se lo habría impedido, pero como se había ido...
Los pájaros ya no trinaban, se habían refugiado entre los árboles,, aunque de poco les servía, pues éstos eran agitados por el viento, cual frágiles ramitas son agitadas por el mínimo soplo. El riachuelo había formado pequeñas olas que eran arrojadas furiosamente contra las rocas. Las flores intentaban sujetarse a la hierba, pero en vano, pues el viento seguía soplando.
La Luna no pudo evitar observar ese terrorífico espectáculo. La Luna era muy serena, no soportaba los ruidos y odiaba los alborotos. Por eso sólo salía de noche, pero por primera vez desde hace millones de años, la Luna apareció a pleno día:
- Querido Viento, si pudiera ser me gustaría poder seguir durmiendo.
- Pues no, no puede ser – contestó de malas maneras el Viento, para después echar a un lado a la Luna con un soplido.
Indignada y ofendida, la Luna se alió con un grupo de pequeños asteroides. Les mandó estrellarse contra el Viento, pero éste se deshacía en pequeñas ráfagas e iban a chocarse contra el suelo.
Algunas flores resultaron aplastadas por los meteoritos, y los árboles perdieron multitud de hojas. Los pobres pájaros, aturdidos, volaban desorganizadamente para evitar los meteoritos. Era un caos.
Entonces llegó la Lluvia. La Lluvia tan pronto podía sentirse feliz como enfadada sin ningún motivo. A veces, se sentía romántica y creaba una lluvia perfecta para los enamorados. Otras, cuando se enfurecía, era capaz de destrozar cualquier cosa.
- ¿Que pasa? – preguntó la Luna ingenuamente
- - Nada que te importe – Contestaron al unísono el Viento y la Luna.
- ¿ Y por qué a mí no me puede importar?- Dijo la Lluvia desafiante
- Pfff…¿Acaso eres importante?- Dijo el Viento.
- ¡ Sí! ¡ La gente no te aprecia tanto como a nosotros! – Dijo la Luna
Habían dado a la Lluvia en su punto débil, el orgullo.
Casi de inmediato, millones de gotitas caían del cielo, y no era una lluvia de primavera, era un auténtico diluvio.
El arroyo aumentaba su caudal peligrosamente, y los pájaros, que ya no sabían a qué atenerse, se habían marchado de escena.
Se podría definir como el desastre absoluto.
En ese momento, para sorpresa de todos, apareció el Sol. Con una sonrisa de oreja a oreja, se excusó diciendo que se había dado cuenta de que no podía dejar de alumbrar a la Tierra, porque la Tierra le necesitaba y él, en cierto modo, también necesitaba a la Tierra.
El Sol miró a su alrededor ¡Qué desastre! El Viento, la Luna y la Lluvia estaban cabizbajos. Pero el Sol no se enfadó con ellos.
Empezó a dar calor a la Tierra con sus rayos. Las flores se abrieron, los pájaros volvieron a aparecer y el riachuelo volvió a deslizarse por las rocas. Los cuatro compañeros se miraron los unos a los otros. No hacían falta las palabras. Eran amigos ¿no?
La Luna volvió a arroparse en su manto de estrellas, el Viento volvió a su castillo en las nubes y la Lluvia se marchó a que sus gotitas cayeran acordes a su estado de ánimo. Estaba feliz. El Sol se sentó en su gran trono a seguir admirando el paisaje. Guiñó un ojo a los pájaros, y estos le devolvieron el saludo piando alegremente… como si nada de esto hubiera ocurrido. Entonces apareció el arco iris, iluminando de luz y color los húmedos prados, las cristalinas aguas y también la enorme sonrisa del Sol.EL MISTERIO DE “THE COOL TIMES”, de Carlos Somoza
Anne Clair celebraba el 18º Aniversario de la publicada revista de “The Cool Times” en su casa. Ella es escritora de la revista. Es alta, con el pelo rubio y mechas rojas. Va vestida con un precioso traje de color ámbar y un collar de perlas negras. Llamaron al timbre y abrió la puerta. Dio la bienvenida y entraron los escritores Elvis Curtis, José Cañeras, Clark Tomyet y la escritora Luci Santalobos. Un rato después entraron a las 8:15 el director Frank Finels y su coqueta secretaria Clara Ment. Anne dio las gracias a todos por venir y fueron al salón a picotear. Cuando terminaron, se fueron a la mesa a cenar. Estaban tomando el 1º plato de salmón a la plancha cuando decidieron encender la televisión. Pusieron la Octava Cadena y estaban dando las noticias. Hablaban de un asesino que había matado ya a cinco mujeres, una menor de edad y a dos policías. Los que estaban en la mesa se pusieron a hablar sobre política, economía y finalmente de la revista. Ya habían tomado el 2º plato de mejillones con calamar cuando Clark se fue al baño. Los demás se quedaron hablando sobre los artículos que tenían preparados y que iban a colocar y sobre algún que otro cotilleo. Terminaron el postre de tarta de calabacín (que al director le encantó, aunque era el único), y guardaron un trozo para Clark. Se sentaron en el sofá para reposar la comida, mientras Anne se llevaba los platos. Cuando regresó, el director fue a la cocina y José a la comunicada sala de estar. Mientras el director iba a ponerse el vino, José se ocultó detrás de la columna. El director iba a degustar el vino cuando de repente se escuchó un sonido estremecedor. Todos fueron a ver qué pasaba y encontraron al director en el suelo con un cuchillo en el corazón. Llamaron a la ambulancia y a la policía. Cuando la policía Sonia Jurado se enteró de lo ocurrido, mandó ponerse a todos manos arriba contra la pared y los inspeccionó. Luci llevaba el móvil, un bolígrafo, unos pañuelos y unas bonitas estampas de Santiago de Compostela. Elvis llevaba un micrófono de mentira, un collar de oro con el símbolo de la paz, un llavero y dos llaves caídas del mismo. José llevaba una navaja, una cartera, dos pañuelos, el móvil y las llaves de su casa. Clark tenía el móvil, un anillo, dos bolígrafos y unos palillos. Clara tenía una libreta, un bolígrafo, el móvil, un anillo, y la cartera. Cuando terminó llegó el médico diciendo que habían encontrado tres puñaladas más. Ipso facto llegó el agente Santi del Mar y el detective Juan José Mirales. Descartaron a Luci, Sonia, Anne y a Elvis pues todos estuvieron en el salón. Miraron en el baño y no encontraron nada que pudiera matar y en Clark tampoco, así que lo descartaron. Declararon a José Cañeras como culpable y sospecharon que las otras puñaladas hubieran sido con la navaja de José. Él rápidamente escapó por la ventana. Lo estuvieron buscando durante dos meses y lo encontraron ahorcado en uno de los árboles que rodeaban la casa, justo el que estaba en frente de la cocina. En memoria del director Franksec Finals escribieron una carta y la metieron en la botella de vino que éste quería consumir. La tiraron al lago que estaba más allá de la ciudad y mientras la botella estaba en vuelo………..explotó.